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Tracción animal, mecanización y agricultura sostenible

Arcadio Ríos(1) y Félix Ponce (2)

Sábado 17 de diciembre de 2005

1- Instituto de Investigaciones de Mecanización Agropecuaria (IIMA) 2- Universidad Agraria de La Habana (UNAH)


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    El ganado vacuno ha sido usado como animal de trabajo en Cuba desde la época de la conquista y colonización por los europeos hace cinco siglos. Especialmente bueyes de razas rústicas en yuntas, para diferentes labores de preparación de suelos, cultivo y transporte de productos. Los équidos, sólo como excepción, se han empleado para roturación y cultivo, pero son muy comunes para el transporte, especialmente los mulos para el acarreo de café y otros productos en zonas montañosas. Antes del triunfo de la Revolución en 1959, la mecanización agropecuaria era muy limitada y la casi absoluta mayoría de las labores se efectuaba manualmente o con tracción animal. En 1960 existían 500 000 bueyes, 800 000 caballos y unos 35 000 burros y mulos. En cambio, la cantidad de tractores no pasaba de 9 000, casi todos de baja potencia (Ríos, 1995). La tabla 1 muestra las variaciones en la existencia de animales de trabajo y tractores desde 1960.

    Tabla 1. Variación de la existencia de tractores y animales de trabajo en el periodo 1960 1997 (Ríos y Aguerrebere, 1998)

    Fuente energética

    1960

    1970

    1980

    1990

    1997

    Tractores

    9 000

    52 000

    68 000

    85 000

    73 000

    Bueyes

    500 000

    490 000

    338 000

    163 000

    400 000

    Caballos de trabajo

    800 000

    741 000

    811 000

    235 000

    282 000

    Mulos

    30 000

    29 000

    25 000

    30 000

    32 000

    La "tractorización" y sus consecuencias

    Entre los factores que influyeron decisivamente en las variaciones en el uso de la tracción animal en la agricultura cubana estaba la disponibilidad de medios técnicos motorizados. Durante los primeros años del período revolucionario se comenzó una masiva introducción de tractores como parte de una estrategia encaminada a la transformación y modernización de la agricultura. Durante tres décadas, de 1970 a 1990 el número de tractores se incrementó diez veces, llegando hasta 85 000 en 1990 y el crecimiento no fue solo en cantidad, sino también en calidad, ya que la potencia media de los tractores creció de 40 hasta 75 H.P. (Caballos de fuerza). En el mismo período el número de bueyes experimentó una aguda reducción hasta unos 163 000 (Ríos y Aguerrebere, 1998).

    La creciente adopción de las tecnologías tractorizadas fue fomentada también por la concentración de la agricultura según el modelo socialista: la producción agrícola en grandes granjas estatales con alto nivel de mecanización. Esto condujo a un fuerte sector estatal que no fomentaba el uso de la tracción animal. Sólo permaneció un limitado sector cooperativo y de propietarios privados. La ayuda soviética con créditos blandos respaldó no sólo la importación e introducción masiva de tractores, combinadas, implementos, piezas de repuesto y combustible, sino también de productos alimenticios, todo lo cual, unido a dificultades provocadas por factores externos e internos se tradujo en drásticos cambios en las estructuras, organización y nivel de la producción agropecuaria e incluso de los hábitos alimenticios.

    En la década del 80, en pleno desarrollo de la “Revolución Verde”, Cuba ya contaba con una buena capacidad productiva y alto nivel de desarrollo científico‑técnico. La población casi se había duplicado con respecto al período pre‑revolucionario pero debido al éxodo de la población de las áreas rurales ya la mecanización reemplazaba a la labor campesina. Se construyeron comunidades rurales con los beneficios sociales que disponía el país, y la producción agrícola se incrementaba gradualmente con el empleo de potentes tractores, instalaciones de riego y abundante uso de productos agroquímicos, característicos de una agricultura intensiva.

    Entre los principales daños que este tipo de agricultura mecanizada y de altos insumos fue produciendo en el suelo se encuentran: Compactación excesiva, que por ejemplo, en la agricultura cañera trajo una gradual disminución de los rendimientos y de la duración de las cepas de caña. La compac-tación se produce por el pase sucesivo por el campo de tractores, combinadas, remolques, asperjadoras y otros medios, así como por el uso de arados de discos y vertederas. Estudios realizados en las condiciones de Cuba por Ponce et al. (1996), demostraron que el tractor produce un grado de apisonamiento del suelo cinco a ocho veces superior a los animales de tiro, usando tecnologías semejantes de preparación de suelos. Según Carrobello y Díaz (1998) existen 2.5 millones de hectáreas en el país con diversos grados de compactación del suelo.

    En nuestros suelos se ha producido una fuerte erosión debido a técnicas inadecuadas de roturación y cultivo, especialmente el excesivo número de operaciones de laboreo del suelo, la eliminación por períodos prolongados de la cubierta protectora de hierbas y cultivos, el arrastre de la capa vegetal, etc. En la producción de tubérculos, hortalizas, caña y otros cultivos agrícolas a veces se realizaban sucesivas labores de roturación, cruce, gradeo, etc., para mantener el suelo mullido en espera de condiciones favorables para la siembra, o por atrasos provocados por otras causas, lo cual favorece tanto la erosión eólica como el arrastre de la capa vegetal por las lluvias. Las tecnologías de laboreo mínimo prácticamente no se utilizaban. Según la misma fuente, un total de 4.2 millones de ha están erosionadas.

    Por otra parte ha ocurrido una salinización acelerada y mal drenaje de una gran parte de las áreas productivas por el sobreuso de las aguas y otros factores. Aunque se han investigado equipos, implementos y tecnologías adecuadas para la recuperación de áreas salinas, puede decirse que ésta es aún una tarea por desarrollar en gran escala, pues deberán recuperarse mas de 1.0 millón de ha salinizadas. El trabajo de drenaje ha tenido más éxito, especialmente en la agricultura cañera, pero aún hay 1.5 millones de ha afectadas (Ca­rro­bello y Díaz, 1998).

    Todos estos daños, derivados directamente de la alta mecanización de la agricultura y el uso de implementos y máquinas inadecuadas, pueden evitarse con una adecuada política de conservación.

    La caída de los países socialistas europeos produjo en Cuba una dramática escasez de divisas para la adquisición de insumos para la agricultura, especialmente combustible, maquinaria y piezas de repuesto, lo que hizo insostenible el alto nivel de mecanización alcanzado. El mantenimiento de la producción de alimentos a niveles razonables en tales condiciones se convirtió en una tarea enorme, por lo que se desarrollaron nuevas políticas y estrategias en la agricultura.

    Para suplir en parte el empleo de tractores se decidió incrementar rápidamente el uso de la tracción animal y el desarrollo de su infraestructura. Se comenzó una nueva orga-nización de la maquinaria, que incluyó el incremento en la fabricación de implementos y la baja o conservación de los tractores y otros equipos no imprescindibles.

    La tracción animal y la mecanización en las nuevas condiciones

    Para enfrentar con enfoque realista las nuevas condiciones, la más importante de las medidas tomadas fue la transformación de una parte sustancial de las grandes em-presas agrícolas estatales en Unidades Básicas de Producción Cooperativa (UBPC), en las cuales los productores tienen un sistema de autogestión y una parte de la producción se vende bajo contrato al Estado, y la otra parte se puede comerciar en el mercado agrícola a precios liberados. También para la producción de algunos culti-vos como tabaco y café se comenzó la entrega de pequeñas parcelas a productores familiares.

    La estructuración de las unidades productivas en superficies más pequeñas crea condiciones favorables para la adopción de tecnologías productivas de bajos insumos y conservacionistas, entre ellas, el uso de tracción animal, la aplicación de fertilizantes y control fitosanitario de origen biológico, la adopción de implementos agrícolas menos agresivos, y lo que es tal vez más importante, un mayor acercamiento y vinculación del productor al pedazo de tierra del que extrae el fruto de su trabajo.

    No obstante, dadas las condiciones actuales de distribución de la tierra y déficit de fuerza de trabajo en el campo, debe tenerse en cuenta continuar tomando medidas de conservación que aunque menos efectivas a gran escala, sí son necesarias para hacer más sostenibles las producciones agrícolas.

    Una de las medidas importantes para enfrentar el llamado “Período Especial” en la agricultura, fue el inicio de un vasto programa de incremento de la tracción animal en las diferentes estructuras de producción de las unidades agropecuarias, para la realización de todas las labores en que esta tecnología fuera posible o económicamente justificada. Sin embargo, ésta no ha resultado una tarea fácil ya que los campesinos, habituados a operar tractores, solo con dificultad asumen la tarea de trabajar con una yunta de bueyes, y a veces no sólo los productores, sino también algunos técnicos y dirigentes, aún hoy, ven la mecanización como un símbolo de progreso y la tracción animal como “un regreso al pasado”.

    Este programa se inició en 1992 cuando Ministerio de la Agricultura (MINAG) y el Ministerio del Azúcar (MINAZ) establecieron un grupo de recomendaciones para fomentar el uso de la tracción animal, respaldado por un serio control en el combustible suministrado para el uso en tractores y en la distribución de las piezas de repuesto adquiridas con las escasas divisas disponibles.

    Una de las grandes limitantes en la adopción e incremento en el uso de la fuerza de tracción animal era la limitada infraestructura en esta actividad, caracterizada por el serio problema logístico que tuvo que enfrentar el MINAG en la obtención de un numero elevado de bueyes para ser suministrado al sector agrícola, especialmente en las actuales condiciones en que la existencia de ganado es muy limitada, mientras que para las unidades agrícolas el problema radicaba en la selección y entrenamiento de boyeros, crear las condiciones para la doma de los bueyes, y garantizar la alimentación, cuidado sanitario y protección de éstos.

    Limitando al mínimo el ganado entregado para sacrificio, prácticamente todos los toros en buenas condiciones físicas fueron seleccionados y dispuestos para ser entregados a las cooperativas y empresas estatales. El primer programa en 1991‑1992 incluyó el suministro de 100 000 bueyes y en un segundo programa en 1993‑1995 otros 100 000.

    El programa continúa, y actualmente hay alrededor de 376 000 bueyes de trabajo en Cuba, cerca de 2.5 veces los existentes en 1990. Anualmente se entrenan más de 30 000, pues no solo hay que aumentar la cantidad de yuntas sino también reponer las bajas (Ruiz, 1998).

    En la tabla 2 se muestra la distribución de los bueyes de trabajo en los diferentes sectores agropecuarios. Es muy significativa la relación existente entre el tipo de estructura de la producción agropecuaria y la utilización de la tracción animal, la cual se concentra en el sector privado. Este sector con el 15% de la tierra posee el 78% de los bueyes. Sin embargo, la tractorización es muy grande en el sector estatal y otros de orientación más centralizada, que poseen el 22% de los animales con un 85% de la tierra (Ríos y Aguerrebere, 1998; MINAG, 1997).

    Este comportamiento puede explicarse en parte por la tradición, pues a pesar de la introducción masiva de tractores, en algunas regiones se continuó utilizando en gran escala la tracción animal. En la producción tabacalera, por ejemplo, hay múltiples labores que siempre se han hecho exclusivamente a mano para garantizar la calidad de la hoja o por otros requerimientos y este sector nunca abandonó el uso de animales. También influye grandemente el grado de desarrollo del territorio donde radique la unidad agropecuaria. Un ejemplo de ello es que en la provincia de La Habana, de alto nivel técnico, hay una mecanización más desarrollada que en Pinar del Río, en que se hace un mayor uso de la tracción animal. En muchas otras provin-cias del país es también predominante el empleo de animales (Ponce et al.,1996).

    Tabla 2. Existencia de bueyes de trabajo por sectores en 1997 (MINAG, 1997, adaptado por Ríos y Aguerrebere, 1998)

    Sector

    Cantidad

    %

    Estatal

    40 000

    10

    CPA

    16 000

    4

    CCS y campesinos individuales

    312 000

    78

    UBPC

    32 000

    8

    Total

    400 000

    100

    Selección y promoción de nuevas técnicas de preparación de suelos

    Por largo tiempo las técnicas para la preparación de suelos con tractor han sido los arados de discos, y con tracción animal los arados de vertedera y arados conven-cionales de madera. En las condiciones de los suelos cubanos, estas tecnologías tradicionales de laboreo y cultivo han producido una gran degradación de la fertilidad, un mayor enyerbamiento, incremento de las áreas erosionadas y otros múltiples daños, a veces irreversibles.

    Un cambio fundamental ha sido el desarrollo de un nuevo tipo de arado, patentado por el Instituto de Investigaciones de Mecanización Agropecuaria (IIMA) y el Instituto de Investigaciones de Suelos y Agroquímica (IISA) bajo el nombre de “multiarado”, del cual ya hay variantes para tractor y tracción animal, y como órganos individuales para barras portaimplementos.

    El multiarado esta destinado a la roturación, cruce, surcado, cultivo, aporque, etc., y con diferentes aditamentos puede usarse para sembrar, tapar y otras labores. Su principio de funcionamiento es completamente diferente a los arados de discos o de vertedera, pues produce la roturación mediante el corte horizontal del suelo, sin inversión del prisma de tierra, a diferencia de los arados convencionales que mezclan las diferentes capas de suelo, produciendo a la larga una pérdida de su fertilidad. Otra ventaja de este tipo de órgano de corte es que favorece el control de la vegetación indeseable, especialmente las yerbas rizomatosas, ya que con los discos se cortan en pedazos que después se reproducen individualmente, multiplicándose de forma acelerada.

    Se habilitaron herrerías y talleres de fabricación de arreos y otros insumos para estas tecnologías. La labor del IIMA, y de otras instituciones e innovadores de todo el país ha creado una serie de nuevos implementos más productivos, versátiles y eficientes que ya se están generalizando como el multiarado de tiro animal denominado “6 en 1”, que posibilita hacer 6 o más labores diferentes con sencillos cambios de elementos. Están en diversas etapas de introducción otras máquinas de tracción animal como sembradoras de granos, plantadoras de papas, multicultivadores, cultivadores de gran ancho, asperjadoras, etc.

    En la tabla 3 vemos que en el período 1990‑1997 la cantidad de implementos de tracción animal creció en 2.34 veces, y la de herrerías en 5.6 veces. El plan de construcción de implementos supera las 11 000 unidades por año. Sin embargo, a pesar del esfuerzo realizado, la relación de 1.04 implementos por yunta es aún muy baja. (MINAG, 1997).

    Tabla 3. Existencia de implementos y herrerías en el período 1990 1997 (MINAG, 1997, adaptado por Ríos y Aguerrebere, 1998)

    Indicador

    1990

    1997

    1997/1990

    Implementos de tracción animal

    160 000

    375 000

    2.34

    Relación de implementos por yunta

    2.00

    2.08

    1.04

    Herrerías

    500

    2 800

    5.6

    Capacitación y demostración de tecnologías

    En el uso de las distintas tecnologías que se derivan de las fuentes energéticas disponibles tiene gran influencia el nivel de desarrollo de los conocimientos de los obreros, dirigentes y técnicos enfrascados en la producción agropecuaria. En otros países del Tercer Mundo el conocimiento técnico de los campesinos es muy bajo y ello influye decisivamente en el uso predominante de la fuerza manual y del trabajo con animales. En cambio, en Cuba el grado cultural de los obreros agrícolas es rela-tivamente alto y se cuenta además en todos los niveles con dirigentes y profesionales calificados. Es por ello que no resulta difícil el empleo de nuevas tecnologías y medios técnicos complejos como tractores, combinadas y otros equipos. Esto ha traído como consecuencia una predilección por el uso de medios energéticos mecanizados, y las nuevas generaciones ven la tracción animal como un atraso, sin percatarse de su importancia económica y conservacionista.

    En la etapa inicial de la implementación del proyecto de incremento de la tracción animal se hizo evidente que no podían obtenerse resultados satisfactorios sin un intenso programa de demostraciones y capacitación en el uso de los nuevos implementos y tecnologías que incluyera:
    - Demostraciones de implementos nuevos y poco conocidos.
    - Selección y promoción de los implementos mas adecuados.
    - Competencias y demostraciones de boyeros, herreros y fabricantes de yugos y arneses.
    - Discusiones e intercambio de experiencias sobre tracción animal.

    Los eventos abarcan no solo la tracción animal, sino también la tracción mecanizada, el transporte, el riego y otras, de modo que todos los obreros, técnicos y dirigentes de la agricultura puedan conocer los adelantos logrados en cada nivel, y seleccionar los mejores resultados para su divulgación a otros niveles superiores.

    Estas actividades se realizan en la mayoría de las unidades de producción (cooperativas, granjas, etc.) y en todos los municipios y provincias, así como al nivel nacional, con miles de participantes en total, especialmente operadores de tractor, choferes, obreros de taller, boyeros, entrenadores, técnicos, personal de dirección y otros. En 1997 se realizaron en el país 2 344 eventos de este tipo, de ellos 1 818 en la base, con un total de 64 279 participantes (MINAG, 1997).

    Un papel muy importante en el desarrollo de la mecanización agropecuaria y la asimilación de las nuevas tecnologías motorizadas y con tracción animal lo tienen los Institutos de Investigación y la red de centros docentes formadores de obreros calificados, técnicos y profesionales. En cada provincia hay una o más Escuelas de Capacitación para formación y reciclaje de personal, así como están distribuidos por todo el país numerosos Institutos Politécnicos Agropecuarios (IPA) y Universidades que gradúan profesionales en materias afines a esta rama. El Ministerio de la Agricultura (MINAG) y el Ministerio del Azúcar (MINAZ) cuentan con una red de 19 Institutos de Investigación en temas agropecuarios, a los que se suman los pertenecientes al Ministerio de Educación Superior (MES), el Ministerio de Ciencia Tecnología y Medio Ambiente (CITMA) y otros.

    Conclusiones

    En los últimos años se ha producido en Cuba una recuperación en el uso de la tracción animal, al crecer en 2.5 veces la existencia de bueyes respecto a 1990, pero esto aún está lejos de las posibilidades y necesidades reales, por lo que el programa continúa. Los incrementos ulteriores dependen en gran medida de la continuidad de las acciones que en los últimos años se llevan a cabo para el aumento del número de animales, implementos, arreos y otros medios, así como la capacitación del personal.

    La experiencia ha corroborado algo que, aunque conocido, a veces no se tiene en cuenta: la tracción animal, la tracción mecanizada y las labores manuales generan tecnologías productivas que tienen diferente grado de perjuicio al medio, especialmente a un recurso tan vital como el suelo. Estas tecnologías no son excluyentes entre sí, sino que deben considerarse siempre como complementarias, pues la cuestión no radica en reemplazar al tractor, sino que la selección de una u otra variante depende de muchos factores, entre los cuales siempre debe predominar el de los costos. Sin embargo, a veces hay otros factores que generan estrategias, como lo han sido, en el caso de Cuba, las políticas de ahorro de combustible o de uso de tecnologías conservacionistas del suelo.


    Referencias

    Carrobello, C. y R. Díaz. 1998. Agricultura en Cuba. Revista Bohemia, 90:17, La Habana, Cuba.

    MINAG. 1997. Dictamen de la comisión de mecanización y tracción animal. II Encuentro Nacional de Mecanización y Tracción Animal. Yaguajay, Cuba.

    Ponce, F.; R Torres y R. Vento. 1996. Determinación del grado y la intensidad de apisonamiento del suelo por los animales de tracción y los tractores ligeros. II Congreso Internacional de Tracción Animal. FAO‑IIMA. La Habana, Cuba.

    Ríos, A. 1995. Improving Animal Traction Technology in Cuba. Proceedings of the ATNESA Workshop. Nairobi, Kenya.

    Ríos, A. y S. Aguerrebere. 1998. La tracción animal en Cuba. Evento Internacional Agroingeniería Cuba 98. La Habana, Cuba.

    Ruiz, P. 1998. La mecanización en el Ministerio de la Agricultura. Conferencia en el Evento Internacional Agroingeniería ‑ Cuba’98. La Habana, Cuba.

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